Los Obispos correntinos señalaron que "la comercialización de la droga no se trata solo de un tema judicial o policial, es un problema de todos"

La Iglesia correntina recibió con entusiasmo la noticia de la sanción de la Ley de Narcomenudeo en la provincia. Los obispos de la Diócesis de Corrientes consideraron -en una nota emitida ayer- que "ciertamente, su promulgación abre un nuevo escenario y nuevos desafíos. La comercialización de la droga no se trata solo de un tema judicial o policial. Es un problema social que nos involucra a todos", expresaron.
En esta línea, invitaron a todos, gobernantes, legisladores, jueces, fuerzas de seguridad, educadores, instituciones intermedias, comunidades de cristianas, organizaciones sociales y familias, a un gran pacto por la vida y por la dignidad, considerando el sufrimiento de tantas familias golpeadas por las adicciones, particularmente de los más jóvenes que en su vulnerabilidad, quedan atrapados en el consumo de sustancias que destruyen la vida, la esperanza y los vínculos más hondos.
Los obispos remarcaron que "la pelea contra las adicciones es un fenómeno complejo que no puede reducirse a la lucha contra el narcotráfico o el narcomenudeo", y pidieron a las autoridades que corresponda que se realice "un abordaje más amplio y un compromiso integral" de este flagelo enquistado en la sociedad, que altera la paz social.
Asimismo señalaron: "La droga es una herida abierta en todo el mundo, que también está presente en nuestra provincia de Corrientes", manifestaron los pastores de la Iglesia católica, apelando a la conciencia social ante el desafío de la prevención y la inclusión de todos los sectores, y pidiendo que se garanticen los recursos necesarios para proteger la vida de los jóvenes ante cualquier cuestión política.
COMUNICADO
El comunicado que lleva la firma del arzobispo de Corrientes, José Adolfo Larregain; el obispo de Goya, Adolfo Canecín, y el obispo de Santo Tomé, Gustavo Montini, expresa:
"Queremos dirigirnos a toda la sociedad correntina con una palabra que brota de la fe en Jesucristo y de nuestra responsabilidad como pastores de este pueblo.
1. Un dolor que compartimos
Somos testigos del sufrimiento de tantas familias golpeadas por las adicciones, particularmente de los más jóvenes que, en su vulnerabilidad, quedan atrapados en el consumo de sustancias que destruyen la vida, la esperanza y los vínculos más hondos.
El papa Francisco ha dicho con fuerza: ‘La droga es una herida en nuestra sociedad que atrapa a muchos y hiere a familias enteras’ (cf. Discurso a participantes de la Conferencia Internacional sobre las Drogas, 2014). Esta herida abierta en todo el mundo, también está presente en nuestra provincia de Corrientes.
2. Una ley que interpela
Con mucho entusiasmo hemos recibido la noticia de la reciente sanción de la Ley de Narcomenudeo. Ciertamente su promulgación abre un nuevo escenario y nuevos desafíos. La comercialización de la droga no se trata solo de un tema judicial o policial. Es un problema social que nos involucra a todos.
La ley recientemente sancionada, necesita no solo de la voluntad positiva de quienes son los responsables de su ejecución, sino también de una inversión económica y la creación de estructuras que hagan posible su cumplimiento. Deseamos que esta ley no se contente solo con atrapar al más débil y vulnerable, sino que logre desenmascarar y poner en evidencia cualquier tipo de impunidad. Frente a ello, ¿se contará con recursos y estructuras suficientes para atender en forma integral a las personas con problemas de consumo, siendo que hoy constatamos que son insuficientes? ¿Podrá la Justicia correntina responder con celeridad y transparencia, evitando cualquier tipo de manejo espurio, de corrupción o de miedo?
3. El desafío de la prevención y la inclusión
La pelea contra las adicciones es un fenómeno complejo que no puede reducirse a la lucha contra el narcotráfico o el narcomenudeo. Es indispensable un abordaje más amplio y un compromiso integral: a) prevención desde la infancia y la adolescencia, con educación, deporte, cultura y proyectos de vida. b) Centros de tratamiento y recuperación accesibles, con acompañamiento humano, terapéutico y espiritual. c) Oportunidades laborales y sociales que devuelvan dignidad a quienes hoy sienten que no tienen futuro. d) Acompañamiento cercano a las familias que sufren, que son la primera red de contención y, muchas veces, las más solas se sienten frente a este dolor.
4. Una interpelación a la conciencia social
No podemos ser indiferentes. El narcotráfico no es solo un problema de ‘los otros’: hiere el corazón mismo de nuestro pueblo, genera violencia, destruye nuestras instituciones y vulnera gravemente la paz social.
¿Qué lugar damos a los jóvenes en nuestras instituciones y comunidades? ¿Qué testimonio de vida ofrecemos los adultos frente a la cultura imperante? ¿Estamos dispuestos a priorizar la vida de nuestros niños, adolescentes y jóvenes por sobre cualquier tipo de interés económico, partidario o político?
5. En Cristo y María, nace una nueva Esperanza
En medio de un tiempo inquietante, seguimos creyendo en la fuerza de la vida, de la fe y de la esperanza. Sabemos que la vida de cada joven vale mucho y que nadie está perdido para siempre"
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