El supermercadista Ricardo Cáceres dijo que el fuerte salto de precios se concentró en apenas cuatro meses. Señaló a los frigoríficos por retener mercadería y alertó que la mayor exportación podría encarecer aún más el producto.
La caída del consumo ya no es una percepción aislada: se refleja en las góndolas y en las cajas registradoras de los supermercados del Nordeste. Así lo describió el empresario formoseño Ricardo Cáceres, titular de cadenas con presencia en Corrientes, Resistencia, Formosa y Posadas, quien trazó un panorama preocupante sobre la evolución de las ventas en lo que va del año, con especial foco en la carne vacuna.
"El consumo está planchado", resumió en declaraciones al diario Perfil. Y en el caso de la carne habló directamente de un derrumbe, explicado por dos factores centrales: la pérdida del poder adquisitivo y el fuerte encarecimiento registrado en los últimos meses.
Según detalló, la carne vacuna acumuló una suba cercana al 80 % en apenas cuatro meses. "En ese tiempo aumentó todo lo que tenían que aumentar durante el año pasado", señaló, graficando la magnitud del ajuste.
Si bien desde los frigoríficos argumentan que no aplican nuevos incrementos desde hace semanas, el empresario explicó que el salto previo fue tan abrupto que terminó reconfigurando toda la estructura de precios. El impacto se siente especialmente en los cortes populares.
Como ejemplo mencionó el asado, un clásico de la mesa argentina, que a comienzos de enero se conseguía a valores considerablemente más bajos y hoy en algunos mercados ronda los 30.000 pesos el kilo.
En el Nordeste, afirmó, los supermercados intentan amortiguar parte de ese impacto. "Nosotros estamos vendiendo la costilla a 21.000 o 22.000 pesos el kilo. Si no absorbemos parte de la suba, la gente directamente no puede comprar", explicó.
Sin embargo, esa estrategia tiene límites. "No podemos vender a los precios que se manejan en Buenos Aires, pero tampoco podemos trasladar todo el aumento porque se nos cae más la venta", advirtió.
Cáceres también apuntó contra el comportamiento de los frigoríficos, a los que acusó de retener mercadería y no convalidar bajas. "Están teniendo problemas de mantenimiento de carne y tampoco quieren vender, pero no bajan los valores. Se están estoqueando", sostuvo.
En ese contexto, sumó otro elemento que podría presionar aún más sobre los precios: el factor exportador. La posibilidad de ampliar ventas externas, particularmente hacia Estados Unidos, abre expectativas de mayor rentabilidad para el sector industrial.
"Eso seguramente va a terminar elevando el precio. Puede haber poca carne y cara, pero todavía falta para ese escenario", analizó, dejando entrever que el mercado interno podría perder volumen si la exportación se consolida.
Frente al encarecimiento de la carne vacuna, parte del consumo comenzó a desplazarse hacia proteínas alternativas como el pollo y el cerdo. Sin embargo, ese movimiento también empieza a mostrar límites. "El pollo y el cerdo repuntaron un poco en ventas, pero también están aumentando. Todo está subiendo de precio", indicó.
Cuatro meses es el tiempo en que el precio de la carne vacuna acumuló una suba cercana al 80 %.
